junio 06, 2008

El último escalón


Al ver la hora en su reloj, Teresa supo que debía salir ahora o no podría regresar. Sin pensarlo, dejó todo y salió.

¡Apurada y atrasada como siempre! No puedo permitirme llegar tarde a la casa. Sobretodo tomando en cuenta que es tarde y no hay locomoción. No me queda más alternativa que caminar. Suerte que son solo unas cuantas cuadras - decía Teresa mientras caminaba por las solitarias calles en dirección al lado este de la ciudad.

Las palabras volaban casi tan rápido por su cabeza como sus pies por la acera. Lo cierto es que tenia motivos de sobra para preocuparse en el horario de llegada. La sra. Salinas, no permitía que sus inquilinos llegasen más allá de la 12 de la noche y simplemente cerraba la puerta con llave.

La sra Salinas era una vieja mañosa y complicada, y pese a que Teresa estaba en condiciones de vivir en un mejor lugar, en un barrio más seguro, no lo hacía precisamente porque era una sra. tan anciana que sentía lastima por ella y la había adoptado como la madre que alguna vez tuvo.

Cada cinco pasos miraba sus reloj. Eran las 11:47 PM y aún le quedaban unas cuadras por caminar.

Al llegar a la esquina le dieron luz roja, razón por la que dobló en la esquina. Un terrible presentimiento vino a ella. "Creo que debí esperar por el semáforo", pero sus pies estaban en control de su cuerpo y simplemente siguió.

De pronto recordó el porque no debía doblar en la esquina. Esta es la calle dónde encontraron a la primera de las 3 prostitutas asesinadas. Bautizado como "el nuevo Jack el Destripador" por los medios, el asesino aún estaba suelto y la policía no tenía ni la menor pista. Todos sus asesinatos parecían haber sido estudiado cuidadosamente, los cuerpos eran encontrados días después, solo gracias a los olores de los procesos de descomposición, sin huellas y sin rastros de cómo llegaban los cuerpos a aquel lugar.

Sin pensarlo dos veces, Teresa redobló el paso, solo hasta que uno de sus tacones se atasco con la rejilla de ventilación del tren subterráneo. Su tacón estaba roto y no tendría más remedio que caminar con su pie derecho descalzo.

"Vaya día este" pensó Teresa, "¿algo más?"

De pronto se percató que alguien parado tras un kiosko en la acera del frente la observaba. Sintió un frío correr lentamente por su espalda. Hizo caso omiso de su presencia y siguió su camino.

Al llegar a la esquina volvió a doblar para tomar una calle más iluminada, no sin mirar de reojo en dirección a la sombra; sombra que no estaba en el lugar en que la vio inicialmente, sino que caminaba justo detrás de ella a solo media cuadra.

Presagiando lo peor, se sacó el zapato izquierdo y comenzó a caminar descalza.

No sentía el frío pavimento, o el sudor que corría por su frente y manos. Estaba temblando de miedo y lo único que pensaba era en llegar a su destino lo más pronto posible.

Miró su reloj, eran las 11:53 PM y aún le quedaban 3 cuadras por llegar.

No circulaban autos por la calle, pues estaba en reparaciones, por lo que el resto del camino sería solo ella y la sombra tras de sí. Sombra que estaba cada vez más cerca. Tal vez sería bueno darme vuelta y enfrentarlo, pensó Teresa. Pero el recordar las fotografías de aquellas pobres mujeres le hizo cambiar de opinión rápidamente.

Llegó a la esquina de su casa, solo un par de casas, los 4 escalones que separaban la acera de la puerta de calle y estaría a salvo. Incluso con minutos de ventaja. Una bocanada de vapor salió de su boca.

No estaba acostumbrada a caminar descalza por la calle, menos con la rapidez y el frío de la noche, razón por la cual sus adoloridas piernas no fueron capaces de subir correctamente los escalones y tropezó, botando su cartera.

Rápidamente se devolvió y la tomó, mirando de reojo su reloj. Eran las 11:58 PM


El día amaneció hermoso, cómo nunca se había visto en aquella época del año. Los niños iban camino a la escuela y los ajetreados trabajadores, con rostros somnolientos esperaban locomoción en el paradero.

La sra Salinas abrió la puerta no sin un sentimiento de angustia en su anciano corazón: Teresa no había llegado anoche. "Ni siquiera un aviso de la muy ingrata, y eso que dejé la puerta sin llave solo para ella. Ya verá cuando aparezca".

Lamentablemente Teresa no aparecería hasta 3 días después, justo debajo de la escalera que la vio por última vez.

Foto: The_Doctor_Is_In

1 comentario:

Helena dijo...

Decías que no tenías "el toque" de Poe, que te gustaría escribir con más prosa y elegancia, etc... ahora yo te digo, a la mierda todo eso!!! la historia es buenísima, con un suspenso que se mantiene hasta el final, así, quién necesita tanta palabrería poetica???

Oye, te agrego a mis blogs desde mi página.