octubre 04, 2008

La otra cara de la muerte


- Usted está muerto.
- ¿Qué? Me puede repe...
- Usted está muerto.
Lo miré extrañado y le dije: ¿De qué está hablando? no le entiendo. ¿A qué se refiere?
- A eso precisamente. Usted está muerto.
No podía quitarle los ojos de encima. Su mirada era clara, profunda y no había rastros en su actuar de qué estuviese loco o drogado.

- En estos momentos, usted ha dejado de existir. No lo ha notado aún, pero así es.
Comencé a alterarme.
- Me puede explicar ¿por qué dice usted que estoy muerto? No lo conozco, no se quién es, de dónde viene y perdóneme que le diga, pero aún siento latir mi corazón, le dije con una mueca de sonrisa nerviosa.
- Está bien se lo explicaré, en realidad es muy sencillo. Primero que todo me presento, yo soy usted.
Una carcajada salió de mi boca. Está bien, ¿dónde están las cámaras? esto debe ser alguna broma para la televisión, cierto?

Su calma me empezaba a incomodar cada vez más. Simplemente se limitó a sonreír y continuó su discurso.
- Le agradeceré escuchar toda la historia y luego puede hacerme las preguntas que quiera.
Solo me limité a mover mi cabeza afirmativamente con la boca entreabierta.

Apenas comenzó a hablar nuevamente comencé a sentir mi corazón cada vez más acelerado.
- Usted ha vivido una buena vida... sus palabras comenzaban a perderse, una sensación de mareo y descontrol tomó posesión de mi cuerpo.
- ¿Se siente bien? me pregunto mientras me tomaba de los brazos en el justo momento en que me sentía caer.
- Siéntese usted, me dijo acercándome una silla salida de no se dónde.
- Tomé este vaso de agua.
Sin pensar demasiado tomé el vaso y lo trague hasta la última gota. Sentía correr el líquido por mi cuerpo inundando y refrescandome. En cosa de instantes, me sentí mejor; al menos, más consciente y presente. Sin embargo la presencia de este sujeto junto a mí seguía siendo un misterio. Tanto su aparición como la silla o el vaso de agua no tenían explicación lógica, por lo que solo me limité a decir: ¿por qué?

Aquel hombre me sonrió. Me miro con tranquilidad y me dijo: Has llegado al punto de no retorno. Todo lo que has hecho hasta este momento ha sido marcado y guiado por la Voluntad. Tu marcaste tu destino y es en este preciso momento en que todo lo que debía suceder ha ocurrido y tu objetivo ha sido alcanzado.
- ¿Mi objetivo?
- Sí.
- ¿y cuál es o fue ese objetivo?
- No lo sé, no soy la persona más adecuada para responder ese tipo de pregunta.
- Acabas de decirme que eres yo, que estoy muerto y eres incapaz de decirme ¿cuál es mi objetivo?
- ¿Qué diferencia hace que te diga que soy tu o que tu eres yo? Solo soy y estoy aquí frente a ti. Nada más importa.
Una silenciosa expresión de absurda comprensión dio pie para que siguiera.

- Todo es un inicio y un fin, un origen y un destino, una causa y un efecto. Esta conversación comenzó hace unos instantes y pronto terminará. Así cómo llegamos a esta ubicación, para dar origen a esta conversación gracias al simple hecho de que caminamos hasta aquí, del mismo modo, al separarnos estaremos originando otros cambios en nuestra existencia que tendrán sus propios efectos. La vida es un río que fluye incesantemente. No existen dos olas idénticas, pero todas están conformadas por lo mismo: simplemente agua.
- ¿Y debo suponer que algún evento anterior me trajo aquí para morir?
- Así es. Pero la muerte no es más que otro evento en nuestra existencia. El nacimiento nos trae a este mundo, pero no significa que no hayamos existido antes ¿o sí? La vida es un continuo y la muerte es solo un cambio de estado.
- Pero la muerte es dolor, la muerte es sufrimiento, es agonía. ¡Nadie quiere morir! Tengo familia, esposa, hijos, proyectos de vida, mil y un ideas en mi cabeza.
- La muerte es dolor, pues es desgarradora, pero es solo el medio. No es el fin.
Dices que tienes familia, pero apuesto a que no sabes dónde están.
- No soy adivino. Ellos sabrán dónde y qué estarán haciendo.
- Y si te dijera que tu hijo ha tenido un grave accidente y los paramedicos no lográn ubicar a tu esposa, porque está con otro hombre y tiene su teléfono apagado.
Un profundo dolor en el pecho y un gélido sudor recorrió mi espalda. ¿Quién eres para venir a decirme estas cosas? ¿qué pretendes? ¡¿por qué haces esto?!
- Ya te lo dije, porque en estos momentos estás muerto.
Una nueva sensación de mareo inundó todo mi cuerpo. Tomo mi cabeza entre mis manos y la comprimo como si pudiese hacerla explotar.
Dos pequeñas gotas que caen al suelo son la demostración de mi desesperación. Lo supuse, dije. No sé cómo o por qué me dices esto, pero desde hace un tiempo que he tenido ese presentimiento de mi esposa. No lo entiendo, siempre le daba todo lo que me pedía. Tenemos la casa que ella quería, el auto que ella siempre soñó, todo!
- El amor no se compra.
Ya había pronunciado esa respuesta en mi cabeza, pero jamás la quise tomar en cuenta. Todos tenemos un precio, incluso el amor, dije.
El hombre movió su cabeza negativamente. El amor, el respeto, la admiración e incluso el tiempo no se pueden comprar, se trabajan.
- ¿Y qué puedo hacer? todo está terminado ya...
- No hay termino sin inicio. De ti depende el siguiente paso. Eres dueño de tu destino. Úsalo sabiamente.

Seco mis lagrimas y me incorporo. El hombre ya no está. Miro alrededor y no hay una solo alma alrededor mio. Una extraña sensación inunda mi cabeza y todo mi ser.

Con un paso adolorido por la experiencia abandono aquel lugar y solo atino a pensar: En realidad he muerto y vuelto a nacer.

Foto de Kawaii77